lunes, 22 de junio de 2009

Promesa.

Dudé sinembargo
un instante,
si tu llanto
amante de los vaivenes,
esplendorosos
de canto,
flor de jazmín
y azahar puro,
regaría el huerto
más sagrado
y esperaría
con ansia
su futuro.

Dudé sinembargo
una vez
si tú,
sol poniente estival,
vendal
de inaudita
vejez,
olvidarias
Ormuz
en pos del
amor y el placer.

Concluí que el
moreno de tu pelo,
el color
de tu piel
y de tus ojos,
ese rostro
sereno
esos labios tan rojos
ese amor tan sincero
ese trabajar
codo con codo...
Era mi existencia
y sin ellas
mi ser
inocuo.

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