martes, 8 de julio de 2008

Pisando, con los pies atornillados, y casi de puntillas para no hacer ruido sobre el alvero, con un trapo y tremendamente sereno, llamaba a la fiera, que lejos de acerle caso le insinuaba que si no veía presa facil no arrancaria....

Con una mirada al tendido correspondida con un aplauso pisó donde nadie habia pisado, todo se detuvo y con un golpe de muñeca llamó al astado,dos oles encadenados se oyeron en las gradas pero el tercer ole puso al diestro en volteretas.

Con tesón y torería volvió de nuevo a ponerse en pie, con el mismo temple, con la misma sange y con una cornada más, y de nuevo se repitió la misma historia, el distro voló por los aires y la muleta también, a su aire...

LLegó el momento por el cual los toreros reciben su nombre y lejos de no estar a la altura entró con todo y más, y dejó una estocada en lo alto que hizó al toro arrodillarse en segundos.

La plaza con una estruendorosa ovación elevó de nuevo al torero al olimpo de los grandes, en una nube de rosas, botas de vino, vivas y mujeres.

Una tarde más de San Isidro en la que los pobres no tuvieron sol, en la que se vieron más mujeres guapas y qn la que el torero dió sobradas muestras de valor.